Detrás de cada cifra hay una cámara recuperada de las líneas pintadas y una trayectoria resuelta en metros. Eso es lo que separa un dato de una impresión.
La pista se calibra sola
0,996PCK del detector de puntos
Una red de puntos clave localiza las líneas pintadas en catorce fotogramas repartidos por el vídeo. Los que caen en repeticiones o en el público fallan solos; los que ven la pista coinciden entre sí. De esa homografía consenso salen la distancia focal y la pose completa de la cámara, seis grados de libertad, sin que tú marques un solo punto.
La bola vive en tres dimensiones
3Dmétrico, no sobre el plano del suelo
Cada tramo de vuelo se resuelve como una trayectoria balística en forma cerrada desde los rayos de cámara, y se refina por error de reproyección sobre las detecciones crudas —nunca sobre la curva ya ajustada—. Por eso una velocidad sale en kilómetros por hora de verdad, y una altura en metros, en vez de en píxeles por fotograma.
Un contacto es una costura
No hace falta un detector de golpes aparte. El punto donde acaba un vuelo y empieza el siguiente es el contacto, y su altura reconstruida dice sola si fue raqueta, suelo o pared. Una abstracción menos es un error menos.
El teléfono coincide con el laboratorio
0,28px de diferencia máxima
El código que corre en tu iPhone se compara fotograma a fotograma contra la implementación de referencia en Python, y la diferencia se fija con scripts que se ejecutan en cada cambio. Lo que ves en la pista es lo mismo que se midió en el escritorio.